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El Gobierno de Madrid, haciendo mofa de los naturales, y con desprecio de lo que habia firmado como caballero el General Jefe de su Ejercito en campaña, en vez de llevar á cabo la espulsion ó esclaustracion de los frailes, trató de realzarlos mas, nombrando in continenti para los dos Obispados vacantes en Ultramar, á dos frailes de aquellós mismas Ordenes Religiosas, que oprimian el pais, que eran la causa primordial de la insurreccion, del desórden y del descontento general en las Islas ; haciendo asi ludibrio de la virtud, ciencia y valer del numeroso clero secular español, y en especial del filipino.

No contento con esto, ha elevado y recompensado á aquellos peninsulares, que en Filipinas y en Madrid, mas cobardes y mas miserables, por abusar de su posicion, y de la proteccion que les dispensaban las mismas autoridades, que habian firmado el Tratado, insultaban en banquetes, en reuniones y en la prensa, con epitetos y conceptos injuriosos y groseros, á los pacientes naturales, como ocurrió con el peninsular Rafael Comenge, protegido y comensal gracioso, del fraile que desempeña entre nosotros el Arzobispado de Manila: el Ministro de la Guerra acaba de otorgar á dicho Comenge la Gran Cruz del Merito Militar, por haber vociferado contra nosotros, atribuyendonos toda clase de bajezas y vicios, á conciencia de que mentia; y por que exijió como su Presidente, de los jugadores del Casino Español en Manila, que contribuyesen con treinta mil pesos, para regalar al General Primo de Rivera una estatua de oro de aquel valor. Y coincidencia curiosa; ese valiente fué uno de los primeros en huir de Manila, lleno de pavor, en cuanto alla se tuvo noticia de que la escuadra americana atacaria aquel puerto, y que el peligro que iba a correr era positivo.

Ya habeis visto como se premió antes de ahora, con una Diputacion á Cortes cunera, al escarabajo Wenceslao Retana, reptil asalariado de los Conventos filipinos, que con el apoyo de aquel tirano General Weyler, su digno padrino, incendiario despotico del pueblo de Calamba, de ominosa recordacion entre vosotros, no hace sino echar baba rabiosa, insultandonos dia y noche con todo genero de calumnias y vociferaciones fementidas, en el papelucho que costean los Procuradores de los conventos de Manila.

Preparaos tambien, á que se haga merced de un titulo de Castilla al tan conocido "Qioquiap" (Feced y Temprado), el escritor que en "El Liberal" de Madrid, para corear á los frailes, no cesa de llamaros roza inferior, trogloditas, sin naturaleza ni inteligencia humana, niños grandes; el mismo que por arrebatar á los acaudalados "Abellas," (padre é hijo) de Camarines, el puesto que habian conquistado con su laboriosidad, sus economias y su inteligencia, como acaparadores casi exclusivos del Abaca de la region, gestionó y consiguió villanamente, el que fuesen acusados y fusilados en el campo de Bagumbayan; y el mismo que luego esperó en vano, el fruto de su criminal aspiracion, por negarle los indigenas con constancia incesante, aun conociendo sus artes pe:versas, á entregarle el producto de sus cosechas y de su trabajo.

Apenas hecha la paz, el General Primo de Rivera negó la existencia de lo pactado; y fusiló uno y otro día á los mismos que prometió amparar, creyendo, insensato, que una vez desecho el nucleo revolucionario, necesitarian los insurrectos treinta ó cuarenta años para volver á rehacerse; pero no dejó de admitir la Gran Cruz de San Fernando pensionada, que como recompensa por la paz, se le habia concedido,

Lo mismo ha acontecido con el sanguinario Monet, autor de la hecatombe de Zambales, ascendido á General y condecorado con una Gran Cruz; con su competidor en hazañas brutales el General Tejeiro, asesino de los Bisayos, y con el Vicc-Almirante Montojo, tan duramente castigado fucgo, por cuyas ordenes se destruyó y arrazó la ciudad de Cebu, para vengar la muerte de un inmundo fraile recoleto.

Para contraste elocuente de lo que deben esperar los naturales, no ha habido una concesion ó premio para el credulo Pedro A. Paterno, Indio filipino, único factor verdadero del milagro de la paz, á quien se han negado á reconocer hasta el modestisimo titulo historico de

Maguinong."

Añadid á todas estas infamias é indignidades, el relevo del General Primo de Rivera, que repetimos, estaba obligado á permanecer en Manila, durante los tres años del armisticio; y el nombramiento en su lugar, de otro Gobernador, el General Augusti, que desconociendo por completo el pais, ha llevado por consejero aulico al indigno Coronel Olive, el mismo que habia procedido con mas encono, mayor parcialidad, y con grandisima pasion, contra los pretendidos jefes, autores, protectores y parciales del santo movimiento, comenzado en Agosto de 1896; el que, como Fiscal de causas de aquella Capitania General, exijia con cinismo insolente, á ciencia y paciencia de sus superiores, sumas de dinero importantes á los que querian ser absueltos, para luego apresarios de nuevo, sino respondian á todas sus pretenciones venales; el misino que con parcialidad descocada, trabajó é influyó cuanto pudo para el fusilamiento del inmortal martir tagalo Dr. José Rizal; y el mismo en fin, que durante los mandos del debil General Blanco, y del sanguinario y canalla General Polavieja, pidió con insistencia, la prision de los llamados "Hijos del Pais," ó sca de los decendientes de los europeos, que entre nosotros tenían alguna significacion por su saber, su laboriosidad, su fortuna ó su progenie, y que no se prestaban á cohecharle, para que les dejase libres.

Ante esta serie de actos de mala fé, de desprecio, de insulto, de crimenes, y sobre todo de olvido de sus compromisos, tan reciente como solemnemente contraidos, los mismos que firmaron el Tratado de Biyak-na-bato, se han considerado libres de la obligacion de permanecer en el extrangero, y de guardar por mas tiempo, la fé del armisticio prometido.

Y aprovechando la providencial ida à Filipinas de la Escuadra vengadora de la Gran Republica de los Estados Unidos de Norte America, vuelven orgullosos y satisfechos al suelo patrio, á reconquistar su libertad y sus derechos, contando con el apoyo y proteccion del valiente, decidido y noble Almirante Dewey, de la Escuadra anglo-sajona, que consiguió batir y destruir las fuerzas de los tiranos, que han venido aniquilando la personalidad y las energias de todo orden, de nuestro pueblo laboriose, dechado de cualidades nobles y gloriosas,

Ha llegado por lo tanto, el momento de que los Filipinos se cuenten y se pongan en fila, para defender con brio y resolucion, y con la virilidad de hombres fuertes, el suelo que les vió nacer, de igual modo que la honra de su nombre, haciendo publica y universal ostentacion de su competencia, de su habilidad, y de sus virtudes civicas, politicas y sociales,

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